Deconstruye | Tómatelo con “karma”
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tomatelo con karma

Tómatelo con “karma”

¿Qué significa tener buen “karma”? Solemos identificarlo con la buena suerte, con aceptar con calma lo que nos depare el destino; pero según el budismo o el hinduismo, “karma” significa “acción”. El buen karma depende, en realidad, de nuestras acciones y decisiones. ¿Qué podemos hacer para que nos vaya bien en la vida? ¿Realmente podemos hacer algo o depende del destino? Según los estoicos, todo lo que ocurre está ya escrito. Para ser feliz hay que aceptar lo que sucede e intentar que nos afecte lo menos posible. No hay libertad externa, pero sí una libertad interior: no podemos elegir lo que nos ocurre, pero sí podemos elegir cómo tomárnoslo.

Pero el sufrimiento no solo depende de lo que sucede, también puede originarse en nosotros, por ejemplo, cuando deseamos algo que nunca podremos conseguir. Los estoicos proponen desear cada vez menos, para que nuestra felicidad no dependa de si alcanzamos o no lo deseado. Epicuro, contemporáneo a los estoicos, dirá que no hay que poner nuestra felicidad en nada que no dependa de nosotros mismos. Es decir, tenemos que desear solo aquello que podemos lograr con nuestro propio esfuerzo.

Las claves de la felicidad son, según lo dicho, aceptar lo que es inevitable, ser dueños de lo que sentimos internamente y esforzarnos por alcanzar una felicidad a la medida de nuestras circunstancias. ¿Es posible, es deseable, ser feliz hoy teniendo en cuenta estas claves? ¿Es suficiente con aceptar lo dado y desear solo lo alcanzable? ¿Dónde queda la utopía, la posibilidad de soñar lo imposible, de cambiar las cosas, de ser felices gracias a algo que no podíamos ni imaginar?

Hannah Arendt, gran teórica de la “acción”, decía que toda teoría política tiene en su base una idea de libertad, incluso la tiranía. El concepto de libertad interna nació cuando externamente era difícil cambiar las cosas. La respuesta a la sensación de que el mundo no es nuestra casa fue crear nuestro hogar en nosotros mismos, en la vida interior. Esto hace posible que nos sintamos libres aun siendo esclavos.

¿Cómo se entendía la libertad antes de este repliegue en uno mismo? Era libre quien podía moverse, actuar, hablar, encontrarse con otros en un mundo en el que también otros podían vivir así. Se formaba parte del espacio público, se expresaba externamente la libertad, por el hecho de actuar y tener voz. ¿Quiénes pueden hoy actuar y hablar en el espacio público? En un contexto en el que todo ocurre por inercia, según procesos automáticos y prefijados, todo acto es un milagro: algo inesperado. Podemos iniciar algo nuevo a través de nuestra acción.

La vida en la Tierra es fruto de una serie de milagros de la naturaleza, ¿por qué no esperar también lo imprevisible en la esfera social y política? ¿Por qué asumir que solo hay un modo de hacer las cosas y que nada puede cambiar, si incluso las leyes naturales dan de sí excepciones a la regla? Como afirma Arendt: “cuanto más pesen los platillos que inclinan la balanza al desastre, tanto más milagroso aparecerá el suceso realizado en libertad”. En la esfera natural, no conocemos la fuente de los milagros, pero en la esfera moral o política, sí: cada persona. ¿Te animas? No dejes todo en manos de la buena suerte. Recupera el sentido originario del karma: actúa y habla, sé la fuente del milagro que alumbra lo nuevo.

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