Deconstruye | Vivir celebrando
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Vivir celebrando

Hace algunas semanas que hemos dejado atrás unas fechas en las que nos hemos visto empujados a celebrar más cosas de las que quizá nos apetecía. Que si las uvas, que si los regalos de rebaja, que si las cenas de empresa o de grupos varios, que si las misas del gallo o del pollito, que si ahora San Valentín… Rituales varios, consagrados ya por la rutina. Los asumimos con sentimientos muy variados. A veces, con ilusión, por acompañar o sentirse acompañado por alguien; otras, porque toca; otras, con serena resignación.

Casi sin darnos cuenta nos ha ido atrapando un sistema que no favorece la celebración de lo que vivimos y, al mismo tiempo, nos empuja a celebrar cosas que no vivimos, ni nos interesan realmente. Hemos dejado de celebrar la vida para pasar a convertirla en una serie de rituales sin alma. Consumimos experiencias de rebajas, pero tenemos una vida de baja intensidad.

¿Qué hacer? Sencillamente recuperar el asombro de estar vivos. Lo raro es vivir. Era sumamente improbable que viniéramos a la existencia. Pero nos tocó la vida. ¡Y aquí estamos! Tenemos la suerte de vivir. La vida, en sí misma, es un milagro. ¿Cómo no celebrarla? ¿Cómo no celebrar los momentos más importantes que acontecen en ella?

Celebrar la suerte de haber nacido y de seguir vivos es algo más que cumplir años. Todos cumplimos años, pero no todos tenemos motivación para celebrarlo, ni con quién hacerlo. ¿Qué es lo propio de una celebración? Celebrar implica, al menos, otros dos verbos: agradecer y compartir.

Nadie se nace a sí mismo. A todos nos nacieron. Somos el resultado de una larga cadena de encuentros fecundantes, que hunden sus raíces en la fuente del misterio de la vida. ¿Cómo no estar agradecidos a esa cadena de amores o desamores a la que debemos la existencia? La celebración es la expresión festiva y gozosa del agradecimiento.

Pero un brindis requiere, al menos, dos copas. ¿Cómo celebrar sin compartir? Para vivir algo tan intenso como es el momento celebrativo necesito de ti, y de ti, y de ti… Necesito estar con alguien que se alegre de mi existencia, que me reconozca, que me nombre, que me mire a los ojos, que me haga el regalo de su cercanía, que me ofrezca su contacto, su tacto y, no lo olvidemos, alguien con quien yo pueda tener esos mismos gestos. De lo contrario, la celebración se quedará en un ritual formalista, en una fórmula vacía e impersonal.

Una celebración a coro y llena de vida nos con-mueve y da un mayor sentido a lo compartido; es en realidad una “celebra[c]ción”: una acción que transforma la vida de quienes celebran juntos. Lo que celebramos se vivifica y, al estar más vivo, pide ser celebrado de nuevo. Os invitamos a dar el paso de las celebraciones sin alma a las celebra[c]ciones: vivir celebrando Y celebrar viviendo.

Si te animas a celebrar, ¡te ayudamos!: http://deconstruye.es/areas#celebraciones

 

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