Deconstruye | Conversaciones sobre la alteridad
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Conversaciones sobre la alteridad

El pasado 20 de marzo nos reunimos para conversar sobre la alteridad y la filosofía que inspira a nuestra Asociación. El encuentro se centró en tres verbos que vertebran nuestras acciones y reflexiones: alertar, para mantenernos en estado de vigilia; alentar, es decir, dar aliento y alimentar la esperanza en que otras relaciones son posibles; y alterar, con el fin de acoger la alteridad y las alteraciones en nuestra vida.

A L E R T A R: ¿Qué es la mirada? ¿Qué diferencia unos ojos que miran de los que no lo hacen? Lo que les diferencia es la vida, pues la vida comienza con la mirada. Como dice S. Weil, “lo que nos salva es la mirada”. Todos miramos, pero no siempre miramos bien. ¿A qué atendemos? Muchas veces miramos sin ver y vivimos sin anchura. El movimiento de atención no es solo para rescatar al otro o a lo otro, sino también para rescatarnos a nosotras mismas. La mirada atenta se presenta como la esencia del respeto, como “la clave de una relación auténtica con lo real”.

Quien sabe mirar, sabe esperar. Mirar atentamente exige dejar de actuar, no ser el centro: es olvidarse de sí para que la realidad sea. En la mirada atenta “el alma se vacía de todo contenido propio para recibir en sí el ser al que mira, tal como es, en toda su verdad”. Este asomarse a la verdad de lo otro nos permite “decrear”, es decir, “desarraigar las lecturas” previas, transformarlas. Hay momentos en que “el punto de vista es la raíz de la injusticia”; la justicia pasa entonces por ser capaz de cambiar el punto de vista, adoptando el de la otra persona.

Atender es aprender a leer de nuevo, deconstruyendo las lecturas que acusan y nos condenan. Una mirada puede condenar, como también puede embellecer. La poetisa cubana Dulce Mª Loynaz lo dice bellamente: “Me miraba un instante con su mirada capaz de embellecerme”. “Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa”, reza también el poema Vergüenza, de Gabriela Mistral. ¿Somos capaces de despertar belleza con nuestra forma de mirar? Tratemos de despertar, en los seres que nos rodean, la conciencia adormecida de su propia belleza.

A L E N T A R: Alentar es insuflar vida a otros, ayudar a respirar, ayudar a vivir. Hay historias cotidianas de amor y de entrega que nos recuerdan el misterio de la profundidad del ser humano y del amor incondicional; que nos llevan a comprender las palabras de G. Marcel: “amar a alguien es decirle «tú nunca morirás»”. Hay amores desinteresados, más fuertes que la muerte, que transitan caminos secundarios, encarnados por personas desconocidas, que encarnan la revolución de la ternura.

Alentar es actuar y en la acción nos personalizamos pues, como decía H. Arendt, la acción no es comienzo de algo, sino comienzo de alguien. Actuar es tomar la iniciativa, ser persona en el mundo. La acción puede ser el inicio de la destrucción del mundo o la posibilidad de comenzar una historia cargada de cuidados.

En ambos casos, somos responsables de nuestras acciones, pero siempre seremos más de lo que hacemos: no podemos reducirnos a lo dado, porque no somos el qué, sino el quién de la acción. Las acciones sanadoras que acarician el cuidado y arañan la justicia salen del ámbito de lo privado para desvelarse como bienes públicos.

A L T E R A R: E. Levinas considera que lo humano comienza en nosotros cuando la alteridad irrumpe en nuestra existencia y la altera. Si ante la llegada del otro, decido ignorarle, entro en la senda de la indiferencia y en la posibilidad de la violencia. Si, en cambio, decido nombrar a la otra persona, mirarla y atender a ella, estaré abrazando la existencia ética. La Ética es una óptica espiritual que, para Derrida, es la base de una política de la hospitalidad, en la que el otro es recibido y acogido como otro.

La revolución, la alteración, vendrá de la mano de la generosidad y la bondad, pero toda revolución comienza por comprendernos a nosotros mismos y comprender el mundo en que vivimos: comprender nuestras afueras y abrirnos a la “solidaridad en la intemperie”, como afirma J. M. Esquirol. La realidad es un texto con múltiples sentidos. Para abrirnos a ellos, necesitamos una nueva estrategia de lectura, que nos permita pensar de un modo distinto.

La deconstrucción es un camino para, desde una solidaridad entendida como vigilia, cuestionar lo dado, descentrar las estructuras y liberar las interpretaciones, reconociendo las afueras que nos constituyen y en las que habitamos. Se trata de una estrategia de lectura basada en la hospitalidad y el cosmopolitismo. Desde la Asociación Deconstruye. Habitando los márgenes, os invitamos a alertar, alentar y alterar, de la mano del respeto y la solidaridad.

Escucha la entrevista sobre el evento, en RNE El mundo desde las casas

El encuentro, celebrado en el Centro Sefarad-Israel (Madrid), estuvo acompañado por la interpretación de unas “canciones para habitar los márgenes”, de la mano de Mª José Álvarez, M.ª Ángeles Durán y Pedro Sáez. Recogemos a continuación el título y el sentido de cada una de ellas:

Zog Nit Keynmol (Himno de los partisanos de Vilna) (Hirsh Glik /Dmitri Pokrass, 1943; versión de Pedro Sáez Ortega, 2017, sobre una traducción de Moshè Korin): Esta canción se convirtió en el himno “oficial” de la Organización de Partisanos Unidos, que luchó en los bosques de Vilna (Lituania) contra el nazismo, y refleja una voluntad de resistencia activa frente a la política genocida de Hitler, a pesar de los precarios medios de que disponían, pero con una profunda convicción -ética y política- de la razón y la esperanza de los derrotados, aunque no vencidos.

Horizonte (Letra y Música: Pedro Sáez Ortega, 2010): los versos y los ritmos de esta canción viajaron por Madrid, Londres y Donosti, antes de ser cantados por primera vez en Cartagena de Indias, en la costa del Caribe atlántico colombiano, el 3 de septiembre de 2010): El horizonte como utopía movilizadora de navegantes, descubridores, emigrantes, refugiados, pueblos enteros o aventureros individuales, constituye un componente fundamental de la construcción del espacio y el tiempo, y es el argumento de esta canción, que surge de las encrucijadas de muchos horizontes en calles, aeropuertos, caminos rurales y estaciones ferroviarias de diferentes lugares del mundo.

Manos (Letra y Música: Pedro Sáez Ortega, 2014): Se trata de una canción -concebida originariamente para ser coreografiada-, en memoria de “justos” como Janucz Kòrczak (1878-1942), Irena Sendler (1910-2008), cuyas manos acompañaron a los huérfanos que murieron en Treblinka, o salvaron miles de vidas de niños polacos durante los peores tiempos del exterminio.

Árboles lloran por lluvias (Tradicional sefardí, procedente de Salónica, versión de Pedro Sáez Ortega, 2018) La comunidad sefardí de Salónica, procedente de la expulsión de la Península ibérica de finales del siglo XV, mantuvo su identidad hispánica con una memorable intensidad, hasta el punto de que los barrios de la ciudad recibieron el nombre de las regiones de la añorada Sefarad, como Castilla o Aragón. En un soneto titulado La llave en Salónica, procedente de su libro El otro, el mismo (1964), Jorge Luis Borges hace referencia a esta vinculación, concretándola en las llaves de las casas de Toledo abandonadas a partir del 30 de marzo de 1492, y que los judíos conservaban como un tesoro de su memoria: “(…) Libres ahora de esperanza y miedo / miran la llave al declinar el día; / en el bronce hay ayeres, lejanía, / cansado brillo y sufrimiento quedo. / Hoy que su puerta es polvo, el instrumento / es cifra de la diáspora y del viento, (…)”. Cuando llegaron los terribles tiempos de la Shoàh, los sefarditas de Salónica afrontaron su desaparición mediante la defensa de su idioma y su cultura, en canciones como éste, Árboles lloran por lluvias, expresión de la tristeza por la ausencia del ser amado, y también de su miedo, su angustia y su dolor frente al destino que les aguardaba en las rampas de Auschwitz.

Prefiero el Paraíso (Letra y Música de Pedro Sáez Ortega, 2010). El título de esta canción está tomado de la respuesta que Felipe Neri (1515-1595) dio a Sixto V cuando le ofreció el cardenalato en 1590 -ofrecimiento en el que se mezclaban la admiración por su labor y el intento de frenar su subversiva manera de entender la fe cristiana y su compromiso a favor de los pobres y los excluidos-: “Prefiero el Paraíso”.

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