Deconstruye | [Des]Conexiones estivales
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[Des]Conexiones estivales

@ruralwoman |

No siempre me ha fascinado el verano en el pueblo. Hay épocas en las que detestaba el sopor de sus días y el tedio de que nada nuevo ocurriese. Tomar el fresco con las vecinas de siempre y sentarse en la plaza con las compañeras del cole, eran las dos citas más excitantes en la agenda del día. Solo la semana de las fiestas, en honor a nuestro patrón San Sebastián, con la llegada de familiares y gente que emigró, rompía la monotonía y adornaba el paisaje marchito de farolillos, cucañas y pasodobles. En las zonas despobladas, carentes de estímulos, necesitamos de experiencias externas que, aunque efímeras, nos hagan vibrar porque hemos perdido cierto gusto por la sobriedad cotidiana y el sabor alegre de la festividad interna.

Veinte años después, no ha sucedido nada nuevo que altere el biorritmo en el municipio, pero yo soy distinta. Estoy en el mismo sitio, pero en distinto lugar. Este verano no haré ninguno de esos viajes tan típicos durante las vacaciones y permaneceré entre olivares polvorientos y rostros conocidos. Me encanta viajar, descubrir lugares y sus gentes, pero ¿y si experimentáramos y viviéramos lo que ya poseemos? ¿Y si nos diéramos tiempo para ello? ¿Y si ya tuviéramos lo que buscamos y no necesitáramos ir(nos) corriendo para encontrarlo?

Mi abuela (mama Encarna), como la mayoría de sus coetáneas, nunca salió de aquí, salvo para ir al hospital de la ciudad más cercana y, antes, dos veces: una, para encerrarse en una casa en las Baleares, mientras sus hijos trabajaban en los hoteles labrándose un porvenir; y otra, para cuidarnos a mi hermana y a mí en  nuestro primer año de universidad. El pueblo no se le quedaba pequeño. Ella sabía, como Etty Hillesum, que “si se abandonan esas ideas en las que la vida está presa como entre rejas, entonces se libera la verdadera vida y las fuerzas interiores”.

En el pueblo me gusta despertarme antes de que suene la alarma y estar ese ratito en la cama, viva, serena, sin que las prisas me levanten, viendo cómo nace un nuevo día desde mi ventana. Me gusta estar conmigo, en silencio y contándome cosas, comentando cómo desearía que fuera mi día y visitando los rostros de las personas que quiero. Las vacaciones son días para mirarnos largamente. Tenemos horas y horas de no hacer nada más que estar con nosotras, como con una buena amiga con la que se te olvida mirar el móvil. Pero esto no es fácil, rápidamente llenamos la agenda mental con tareas, con cosas por hacer y lugares a los que ir.

Una vez arranca el día, pasear e ir en bici por los carriles me aquietan y contemplar la naturaleza, también. En ella todo parece bien hecho y esto, de algún modo, nos reconcilia. Cada cosa existe porque sí, gratuitamente, graciosamente, sin un para qué, como cada persona. Hacer fotos me ayuda a tener una mirada atenta, contemplativa, que me permite encontrarme de otro modo (sin juzgar, sin interpretar) con quienes se cruzan en el camino. Los reencuentros y las convivencias familiares, difíciles, pero necesarias en estas fechas, nos recuerdan la suerte de tenernos, y de tenernos cerca.

Ojalá durante este tiempo estival, sintamos y gustemos lo que ya somos y tenemos. Si en tus vacaciones no vas a disfrutar de arrecifes de coral, castillos medievales o de Disney, paradisíacas playas, exposiciones de arte, surf, lugares con historia o aventura, tienes la opción, con gastos pagados, de  vivir una auténtica vida: la tuya. Quiérete, cuídate, mímate, siéntete, ámate y disfrútate, encuéntrate con otros, conversa, enamórate… No nos hagamos cómplices de las modas o las exigencias que vienen de fábrica, en su intento de apresar y apagar nuestra verdadera vida.

 

 

4 Comentarios
  • Carolina Martínez Rodríguez
    Posted at 14:26h, 01 agosto Responder

    Justo en este verano en el que, en familia, no vamos a ningún sitio y estamos aquí con ganas de reencuentro. ¿Para cuándo el nuestro?

    • Admin
      Posted at 12:36h, 02 agosto Responder

      ¡Muy bien traído, Carolina! jeje. Yo también tengo ganas de reencuentro y de saborear lo que se va cociendo en esa comunidad de vida que sois. Sé que mañana va una avanzadilla; yo no podré hasta dentro de algunos días, pero queda anotado.
      Un abrazo enorme para toda la family.

  • Mercedes Sancho
    Posted at 20:02h, 01 agosto Responder

    Cuanta razón. A veces buscamos fuera y no conocemos las maravillas que tenemos dentro, a nuestro lado, donde siempre. No es más feliz el que mas tiene, ni el que mas emociones excitantes vive, sino el que vive intensamente cada minuto de su día a día tal y como es, sin más, simplemente vive la vida tal y como viene.

    • Admin
      Posted at 12:39h, 02 agosto Responder

      Cuánta razón y corazón también en tus palabras, Mercedes. Los caminos para la felicidad son muy bastos, pero creo que no podemos olvidar que no somos los buscadores sino los buscados. En la medida en que nos dejamos encontrar y afrontamos lo que la vida nos pone delante, se nos ensancha el horizonte.
      Muchas gracias por comentar y enriquecernos.
      Un abrazo y ¡feliz agosto!

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