Deconstruye | Ojos que no ven, corazón que lo siente
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Ojos que no ven, corazón que lo siente

Comenzamos el año y esperamos que éste sea distinto, pero no porque te haya tocado la lotería, vayas a conocer a tu gran amor o encuentres el trabajo de tu vida. Este año puede ser distinto, si cambias tu modo de vivir el tiempo y de mirar la realidad. ¿Cuántas veces te detienes a lo largo de la semana a respirar, escuchar el silencio y mirar sin más interés que contemplar lo que te rodea? Prueba por unos minutos a serenarte y tomar conciencia de dónde estás y qué haces para que tu vida y la de otros, sea más vivible.

La poesía puede ayudarnos a detener el ritmo de nuestras tareas, para atender al ritmo de la vida. Las palabras tienen un poder sanador, pero con ellas también podemos herirnos. Este año nos proponemos usar la palabra como bálsamo, en un mundo en el que demasiadas veces se utiliza como dardo envenenado. Queremos transmitir nuestra mirada poética a través de los haikus, para rescatar la belleza de lo cotidiano y poner la atención en lo que ahí acontece. La palabra poética es una articulación rítmica, que conecta con nuestra respiración. Leer poesía nos permite, a través de los sonidos y los silencios, abrirnos a lo que nos trasciende.

El haiku, cuyos orígenes se remontan a los haikai del siglo XI, es un poema japonés muy sencillo, inspirado en la naturaleza y compuesto por tres versos. En él se condensa lo insignificante Y lo asombroso. En palabras de Francisco Lapuerta: “vemos en ellos un contraste inesperado, el fogonazo de una revelación misteriosa, el encantamiento de una atmósfera impersonal en la que se funde el fenómeno natural (…) con la mirada del poeta, que registra el momento presente como si hiciera una fotografía desde una actitud aparentemente ingenua, espontánea”. El poeta muestra, con humildad, lo que ocurre en un momento y en un lugar concretos (Matsuo Bashoo).

En los haikus hay una revelación, una explosión. Dice G. Deleuze que el haiku es la captura de un puro acontecimiento de (sin)sentido. Se trata de una unión, que pone una Y entre la fugacidad Y la eternidad, el movimiento Y la quietud, el ruido Y el silencio eterno, un momento singular del sentido Y el sinsentido. Durante este año que empieza vamos a compartir cada miércoles un poema que nos invite a detenernos, en la vorágine cotidiana; a serenarnos y atender a la belleza de lo más sencillo y, a veces, imperfecto.

A través del haiku el poeta no quiere crear belleza, sino nombrar la que hay; no quiere opinar sobre lo que ve, sino observarlo. Cuánto bien nos haría adoptar de vez en cuando esta mirada: observar y escuchar sin juzgar, sin situarnos en el centro de lo que vemos. La clave de esta poesía, que es lo que nos anima a leerla durante este año, es que en ella hay atención a aquello que pasaría desapercibido si no lo mirásemos: atención a la intimidad de las cosas y de lo efímero. Proponemos extender esa mirada a todo lo que nos rodea, a los rostros y el mundo en que nos encontramos, para que lo invisible se nos vuelva visible.

¡Feliz año de haikus!

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