Deconstruye | Principito y fundamento
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Principito y fundamento

@lepetitflâneur |

«Lo que hace al desierto tan bello – dijo el principito – es que esconde un pozo en algún lado…»

La vida tiene muchos colores y demasiados matices. A veces se parece a un desierto. Mi madre, que ya tiene años de sabiduría a sus espaldas, no siempre reconoce su sed de agua. Dice que es signo de la edad. Y parece que los médicos lo han demostrado hace mucho tiempo. Hay edades en las que la sensación de sed no se nota tanto.

Unos cuantos hombres y mujeres que andábamos con algo de sed, quisimos buscar lo que hace tan bello al desierto que la vida es a veces. No éramos muchos. La masa o la gente no son categorías que nos gusten mucho en la Asociación [D]Construye. Con ganas de desconectar de lo que cada uno consideraba y con más ganas aún de estar con quien no siempre estamos, con nosotros mismos, marchamos a lo alto de una montaña. La ciudad estaba a nuestros pies. No en sentido metafórico. Tampoco nos gusta mucho esa actitud ante nada ni nadie. Pero el Tibidabo nos permitía contemplar lo pequeñitas que se ven ciertas cosas desde una cierta altura.

El que nos convocaba no era un hombre o una mujer, una doctrina o sabiduría sobre el ser humano o lo divino. No veníamos a escuchar a una autoridad que nos sacara de nuestra ceguera. El que nos convocaba era un librito peculiar: El principito. Sólo se pedía ganas de leerlo, de hacer silencio para ayudar a que resonaran las palabras aún no dichas, de acoger al otro, pero sin querer pisar ni entrar en el santuario de su conciencia.

No son unos ejercicios espirituales o una convivencia. Es nuestro Principito y fundamento. El que suscribe iba compartiendo sus comentarios sobre el libro en algunos momentos del día; pocos, para posibilitar el estar con el misterio de la vida que cada uno y cada una traía en sus entrañas. Eran gotas contadas las que caían, fruto de las lágrimas o las sonrisas que la vida me había transmitido a través de un libro que siempre me ha acompañado en mi existir. Y el principito, esa criatura pura y sencilla, iba entrando en diálogo con cada uno y cada una. Ahí íbamos acogiendo, escuchando lo que en este momento podíamos nombrar.

Planetas, zorros, serpientes, corderos, rosas, iban siendo compañeras de camino que nos hablaban de amores, tiempos pasados, heridas, nostalgias, melancolías, alegrías redescubiertas, penas que nos duelen, márgenes habitados, vida que acogíamos o se nos escapaba de las manos. Ritmo tranquilo y sereno donde cada participante, es decir todos, podía acudir a lo común o seguir escuchando el susurro que habla en el silencio. Libertad para venir, acoger, modelar, compartir, escuchar, leer. Libertad que deja al otro libre, porque sabemos que el misterio con el que cada uno y cada una tiene una cita es mucho más grande que el que cabe en un fin de semana.

Suerte, don, regalo, ilusión, ánimo, bendición, crisis… Palabras siempre torpes que recogíamos como tesoros entregados por quienes quisieron compartir en nuestra celebracción final (no está mal escrita) algo de lo resonado en estos días. Por eso hablamos y escribimos este pequeño texto. No porque queramos regodearnos en lo bien que ha estado el fin de semana consagrado a leer despacito un texto que puede ser fundamento para retomar la maravilla de existir, sino para reconocer humildemente que todo lo bueno que pasó en ese viernes tarde, sábado y domingo hasta mediodía, nos lo regaló esa criatura que apareció un día en el desierto. Esa criatura, o esas personas, que nos cambiaron, nos hicieron celebrar la vida y preparar nuestras manos para seguir acogiendo lo que nos venga del cielo, de donde vino el Principito.


⇒♥ Si quieres participar en un finde de [des]conexión con el Principito, organizamos ediciones por toda España. La siguiente, en el  mes de Octubre, será en Granada. Para más información escríbenos a hola@deconstruye.es. También podéis escribirnos si sois un grupo de entre 10 y 15 personas y queréis vivir la experiencia. Nos desplazamos donde nos digáis.

 

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