Deconstruye | Visita guiada por tus prejuicios
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Visita guiada por tus prejuicios

En una breve estancia en un país de Latinoamérica visité el Centro Cultural de España, del Ministerio de Exteriores. Allí trabajaba la amiga de una amiga. Quería que me contase algunas cosas del país en el que iba a vivir durante unos meses. Pero más que una introducción a la realidad del lugar en el que me encontraba, me hizo una visita guiada por sus prejuicios.

En su despacho tenía una bandera de ese país y otra española, tan grandes que el techo parecía hecho a su medida. Fue muy simpática y me ofreció asiento para conversar. Me preguntó a qué me dedicaba y le dije que era profesora de filosofía. A esto le siguió la pregunta típica entre quienes no saben qué es la filosofía: “¿inglesa o española?” Mi cara fue tal, que tuvo que aclarar la pregunta: “ya sabes, hay muchos tipos de filosofías, mi madre estudió la hispánica”. Sin ánimo de contradecirle, bueno sí…, le dije que filología y filosofía no eran lo mismo, que yo estudié filosofía pura, a secas. No pareció comprender lo que le dije, así que opté por que su trabajo fuese el nuevo tema de conversación.

Me habló de lo bien que vivía en aquel país, porque siendo diplomática se ahorraba todos los problemas burocráticos. Aprovechó para comentarme lo mucho que les quedaba por aprender allí del saber hacer de los españoles. Yo me iba descomponiendo y recomponiendo a medida que avanzaba la conversación. Entonces dijo que en España ahora las cosas tampoco estaban bien. Por comentar algo, le dije que para la filosofía eran tiempos difíciles, porque la iban a eliminar de la Educación secundaria. En ese momento me preguntó: “pero ¿realmente cuántos filósofos necesita España, no muchos, no?” Mi cara volvió a decir más de lo que hubiera querido, así que entendió que la conversación se terminaba. Yo lo preferí, porque no quería entrar en la cuestión de cuántos diplomáticos como ella necesita España.

Después de esta agradable conversación, me enseñó el Centro, que al parecer nadie conocía (no había nadie y ninguno de los españoles que llegué a conocer en el país sabía de su existencia). Me habló de lo mucho que contribuía a la difusión de la cultura española, aunque las dos exposiciones que había en ese momento eran de una artista chilena y otra colombiana. Me pareció bien que fuera así. Creo que era más interesante que fuese un Centro en el que confluyeran tendencias artísticas y culturas diferentes, con autoras de procedencias distintas.

Ojalá la diplomacia, los centros de difusión de la cultura española en otros países y quienes vamos de visita a lugares lejanos dejemos de evitar la diferencia y de afianzar los propios prejuicios, difundiendo lo propio sin ventanas a lo ajeno. ¿Habéis tenido la experiencia de que vuestros prejuicios se fueran desvaneciendo en un viaje? ¿Habéis sido testigos de comentarios o situaciones en las que otros viajeros recorran sus prejuicios en lugar del país en el que están?

Ojalá viviéramos más de este encuentro con la diferencia y con todo lo que podemos aprender de ella. Del mismo modo que el otro nos ayuda a saber de nosotros mismos, viajar y convivir con otros nos enseña otros lados de nuestra propia cultura, nos ofrece otra mirada respecto de nuestras costumbres, a medida que descubrimos las ajenas.

2 Comentarios
  • Olga Merino
    Posted at 17:56h, 18 julio Responder

    Hola, me encantó lo que explicas, la historia de la amiga de tu amiga es muy ilustradora: Mi experiencia es que cuando he profundizado en mi manera de sentir y pensar sobre el mundo, he podido empezar a ver mis prejuicios. Y creo que todo comienza por mirarte los propios . Me ha costado mucho hacerlo y al observar a los demás tengo la sensación de que a todos nos cuesta darnos cuenta de los sesgos y la superficialidad con la que miramos la realidad, hasta el punto de confundir filosofía y filología.
    Y por cierto, respecto de los filósofos que “hacen falta” en España, me ha venido a la cabeza una filósofa Mónica Cavallé, que imparte unos talleres de filosofía sapiencial (filosofía para vivir, entiendo yo). Aunque alguna vez he oído que la finalidad de la filosofía no es convertirla en práctica. Dejo el link por si a alguien le apetece (http://www.monicacavalle.com). Gracias por vuestro interesantísimo trabajo.

    • Admin
      Posted at 08:57h, 23 julio Responder

      Tienes razón, Olga. Hay que empezar por reconocer los propios prejuicios, aunque es difícil. Encontrarse con otras personas y otras realidades, ayuda. Gracias por recordarnos a Mónica Cavallé. Conocemos a gente que se ha formado con ella. La filosofía no debe reducirse a su dimensión práctica, pero tampoco conviene descuidarla. Hay que encontrar el equilibrio. ¡Gracias por comentar y animarnos a seguir pensando en diálogo!

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