Deconstruye | Doxopatía o la necesidad compulsiva de opinar
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Doxopatía o la necesidad compulsiva de opinar

Las diotimas | 

¿Por qué tenemos la impresión de que todo es opinable? ¿Por qué necesitamos opinar sobre todo? Cabría distinguir entre el exceso de información y el conocimiento, porque los datos en sí mismos no son conocimiento. Sin la capacidad crítica, el exceso de información es inútil, porque no sabemos interpretarla. Solo cuando hacemos la digestión de esos datos, pueden convertirse en conocimiento. Del mismo modo que solo yo puedo digerir lo que llega a mi estómago, la digestión de la información debo hacerla yo.

Pero no nos tomamos el tiempo y simplemente retuiteamos o compartimos en las redes lo que nos llega, sin detenernos a pensar si es verdad, si es importante, si estoy realmente de acuerdo y si difundirlo contribuye a algo positivo. En lugar de hacer esta reflexión, vertemos opiniones sin tomarnos el tiempo suficiente para elaborarlas. Podríamos llamar a esta necesidad de opinar compulsivamente doxopatía (uniendo la palabra doxa: opinión, y pathos: pasión, enfermedad).

Los antídotos que podrían paliar esta dolencia son, por un lado, la prudencia, la paciencia y la humildad (en el sentido de reconocer la propia ignorancia); por otro lado, tomar conciencia de la complejidad del mundo, su misterio, su riqueza, asumiendo que hay una infinidad de perspectivas posibles, que están presentes en las miradas de otros. En un contexto, sobre todo virtual, plagado de opiniones, necesitamos también cierta tolerancia ¿Por qué nos violentan las opiniones diferentes? ¿Por qué esperamos que piensen como nosotros? ¿Por qué nos sentimos atacados cuando cuestionan nuestras opiniones? Tener unas ideas no es lo mismo que ser esas ideas. Si nos identificamos con lo que pensamos, nuestras ideas pueden tiranizar nuestro ser. Las ideas no son pedazos de nuestro ser, ¿por qué defenderlas como si nos fuera la vida en ello?

Mientras nuestras ideas no atenten contra la dignidad de nadie, ni cuestionen la posibilidad de vivir en sociedad ¿por qué tenemos que tener las mismas? No somos solo razón, somos también lo que sentimos, lo que nos pasa, lo que deseamos, lo que nos duele… Si en todo esto somos capaces de acompañarnos, de sorprendernos, de respetarnos, ¿por qué no en el ámbito de lo que pensamos? Si no necesitamos que otros sientan como nosotros, se enamoren de la misma persona, se emocionen con lo mismo, les guste o les duela lo mismo, ¿por qué esperamos que piensen como nosotros?

Cuando nos separan las ideas, nos violentamos, hasta el punto de sentirnos extraños ante las personas que siempre fueron cercanas. La violencia con la que respondemos a quienes cuestionan nuestras ideas no habla de las ideas, ni del mundo que estamos nombrando, habla de nosotros mismos ¿de dónde brota tanta violencia e incapacidad para tolerar una visión del mundo distinta?

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